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sábado, 6 de enero de 2018

Operación: Jiu-jitsu (Parte 1)

El solo leer el título hace que la mente viaje… Algunos, la mayoría fans de james bond y de las películas de Misión imposible, se imaginarán algo como esto:


Algunos otros, de carácter más bélico se irán más por imágenes mentales como esta:
La Palabra “operación” tiene muchas acepciones, dependiendo del campo en el que se le aplica, Medico, militar, político, matemático. Pero en general podríamos hablar del conjunto de acciones que se aplican para la transformación de un elemento.
La palabra "operación" viene del latín operatio y significa "acción y efecto de realizar un trabajo". Sus componentes léxicos son: opus (trabajo), -are (terminación usada para formar verbos), más el sufijo -ción (acción y efecto).
En álgebra, una operación es la aplicación de un operador sobre los elementos de un conjunto. El operador toma los elementos iniciales y los relaciona con otro elemento de un conjunto final que puede ser de la misma naturaleza o no.
Es este último tema el que quiero traer a la mesa, ver el combate de jiu-jitsu como una operación algebraica. Más de uno se preguntará: ¿Qué relación puede tener el álgebra con el arte marcial del jiu-jitsu? La respuesta a esta pregunta la encontré al buscar la etimología de la palabra Algebra, Para muchos el álgebra es un quebradero de cabeza. Pues bien, etimológicamente no les falta razón. La palabra álgebra viene del árabe al-gabra, que significa poco más o menos “la recomposición o recolocación de los trozos de una cosa que se ha roto”. Covarrubias lo explica magistralmente en su Tesoro de la lengua castellana o española:

ÁLGEBRA, es arte de concertar los huessos desencasados y quebrados. Y dize el padre Guadix que es nombre corrompido de alchebra, que vale restitución, del verbo cheber, que sinifica restituir; Diego de Vrrea, que en su terminación Arábiga se dize giabirun, participio agente del verbo gebere, que sinifica hallar perdido o desconcertado y descompuesto […]. A cierta regla de guarismo llaman Álgebra porque deve ser de quebrados que llaman los Arisméticos: de allí Algebrista.[1]
Cada día podemos ver en el internet la publicación de “Nuevas técnicas de Jiu-jitsu” aunque no existe un consenso al respecto, se cree que un número aproximado de las técnicas que se conocen es de unas 600. Pareciera que no es difícil aprenderse ese número de técnicas, sin embargo, la situación es un poco más complicada que eso, ya que no se hace una sola técnica aislada durante el combate, sino una combinación de movimientos para llegar a someter al oponente.
Digamos que en un combate vas a someter a una persona en tres movimientos, y que ningún movimiento se repite, entonces para sacar la combinación de elementos posibles tenemos que sacar una técnica, y después escoger entre las restantes (suponiendo que cualquier técnica sea efectiva) esto quedaría matemáticamente de la siguiente forma

600X599X598=214,921,200

Estamos hablando de doscientos catorce mil millones, novecientas veintiuna mil doscientas posibilidades que habría que memorizar… y eso sería con solo tres movimientos y sin que el oponente reaccionara a los mismos, ¿Cuantos millones de probabilidades puede haber en un combate de 5 minutos (Cintas blancas) en tiempo real y con el oponente reaccionando a tus movimientos?
Definitivamente, el jiu-jitsu es un rompecabezas, y hace falta un método para poder unir las piezas de una manera que se pueda tener un resultado satisfactorio. Y no existe manera de hacer una receta de sometimiento, ya que cada oponente es distinto en cuanto forma, tamaño, peso y movilidad.
El Mestre Helio Gracie nos dio la clave: La palanca, y Papus de Alejandría nos dio la referencia en su obra SINAGOGA o Colección matemática del año 340 D.C. donde escribió la famosa frase de Arquímedes: DADME UN PUNTO DE APOYO Y MOVERE AL MUNDO.
Plutarco en su obra: Vidas paralelas del año 100 A.C. relata que Arquímedes, en carta al rey Hierón de Siracusa, a quien le unía gran amistad, afirmó que con una fuerza dada podía mover cualquier peso e incluso se jactó de que, si existiera otra Tierra, yendo a ella podría mover ésta. Hierón, asombrado, solicitó a Arquímedes que realizara una demostración. Acordaron que el objeto a mover fuera un barco de la armada del rey, ya que Hierón creía que este no podría sacarse de la dársena y llevarse a dique seco sin el empleo de un gran esfuerzo y numerosos hombres. Según relata Plutarco, tras cargar el barco con muchos pasajeros y con las bodegas repletas, Arquímedes se sentó a cierta distancia y tirando de la cuerda alzó sin gran esfuerzo el barco, sacándolo del agua tan derecho y estable como si aún permaneciera en el mar[2]

Es así que hemos encontrado el primero elemento: El operador. Nuestro Operador es la palanca, que toma nuestra energía, o la del oponente, y la multiplica en una acción determinada en el tiempo y espacio. Es importante conocer el principio de la palanca para poder aplicarlo de manera efectiva en nuestro combate, o, mejor dicho, en la operación que queremos realizar.




[1] Tesoro de la lengua castellana o española, Sebastián de Covarrubias Edit. Castalia.
[2] Manipulación de cargas con carretillas elevadoras, Ma. José Escudero Serrano. Edit. Paraninfo pág. 188.

lunes, 8 de diciembre de 2014

El samurai, el monje zen y el gato.

Erase una vez, hace mucho tiempo un fiero y sin embargo devoto samurai. Un día se encontraba pescando cuando sacó del río una magnífica carpa. En ese momento un gato surgió detrás suyo y le birló el pescado. Poseído por una repentina furia, con los reflejos y la rapidez propios de los de su clase, sacó su katana y de un mandoble partió al gato por la mitad. Al instante se arrepintió: había dado muerte a un ser vivo de forma innecesaria.
En la batalla, su deber como el de los otros guerreros a los que se enfrentaba, era matar o morir y así lo aceptaba, pero ahora el gato no representaba ningún peligro para él, de hecho ni siquiera necesitaba pescar para comer, lo había hecho sólo por entretenerse.
Trató de desechar esos pensamientos como una tontería, pero poco a poco el remordimiento se fue apoderando de él: empezaba a oír al gato constantemente en su cabeza, ¡miau, miau!. El rumor del viento y del arroyo transportaban “miaus”. La gente hablaba con él en maullidos; de noche, si dormía, sólo soñaba con”miaus”. En la batalla, el enemigo atacaba profiriendo sonoros “miaus” y los gritos y lamentos de los heridos eran lastimosos “miaus”. Hasta que llegó un momento en el que él mismo se había transformado en un gran y penoso “MIAU”.
No pudiendo soportarlo más, acudió a pedir ayuda a un templo cercano. El monje le contestó: “tú eres un guerrero, ¿cómo has podido caer tan bajo? La única solución para lavar tu honor es que te hagas sepuku (harakiri) aquí y ahora mismo. Sin embargo, soy monje y siento piedad de ti: cuando te abras la barriga te cortaré la cabeza con tu katana para ahorrarte sufrimientos.”
El samurai se preparó sin más dilación para la ceremonia, se arrodilló y apoyó el puñal contra su cuerpo. En ese momento el monje le preguntó: “¿Oyes ahora los miaus?”
-“¡Oh! No, ¡ahora no los oigo!” Contestó el samurai.
-“Entonces no es necesario que mueras.”

viernes, 7 de noviembre de 2014

Dogen Zenji tuvo la siguiente experiencia cuando estaba en el templo Keitokuji en la Provincia Chekiang, China. Un día que iba a visitar a Myozen, su compañero de viaje que se estaba recuperando de una enfermedad en el hospital, pasó por la Sala del Buda. Allí vió a un viejo monje con la espalda curva como un arco y las cejas blancas como plumas de grulla. El viejo monje secaba hongos sobre las baldosas del patio, uno por uno.
Era un trabajo ingrato y abrumador. Su espalda estaba tensa como un arco y sus blancas cejas parecían un penacho.
Se acercó y le preguntó:
"¿Qué edad tenéis?".
"Sesenta y ocho años."
"¿Por qué no le pedís a un sirviente que haga esta tarea?"
“Los otros no son yo”, respondió el cocinero con dureza. Dogen sentiría que un puñal le clavaba el pecho.
"Veo que os ceñís a la regla de los antiguos, pero ¿por qué hacer esta tarea bajo el ardiente sol?"
"¿Dejarlo para más tarde?, ¿para cuando?"
Este segundo puñal penetró aún más profundamente que el primero. Las palabras del monje eran verdaderas joyas, y cada una hizo eco en el interior de Dogen, quien se sintió incapaz de decir nada más.
Más tarde escribió: “Abandoné el intento. Pero mientras caminaba por el pasillo me di cuenta en mi interior de la importante función de su trabajo”.
“Los otros no son yo”. Esta declaración define la ubicación en el espacio, el “aquí”. Y “¿Qué otro momento debería esperar?” define la ubicación en el tiempo, el “ahora”. “No otra persona – Yo; No otro momento – Ahora”. La Realidad es el lugar en donde este "aquí” y este “ahora” se cruzan
Tenzo kyokun
Maestro Dogen.

martes, 4 de noviembre de 2014

La vida vista por un Samurai.

La vida es como una larga travesía con una pesada carga. Sea pues el paso lento y seguro, para que así no de un traspié. Persuádase que la imperfección y los inconvenientes son naturales a los mortales, y que no hay espacio para el descontento ni para la desesperación.
Cuando surjan deseos ambiciosos en vuestro corazón, recuérdese aquellos días difíciles por los cuales ya paso. La paciencia es la raíz para la tranquilidad y la eterna seguridad.
Mire en la ira del enemigo. Si supiese solo lo que es la conquista y olvidara lo que es la derrota, aflíjase, ya que será como una enfermedad. Encontrase los errores en uno mismo mas que en otros

Tokugawa Ieyasu